La exportación de “sustentabilidad ambiental”: ¿un buen negocio?

Análisis & Opinión / Axel C. Dourojeanni

Algunos conceptos y definiciones, sintetizados en frases “eslogan”, terminan siendo repetidos por muchas personas sin que se preocupen por entender de qué se trata. Simplemente es una moda y se repite porque “es bueno decirlo en los discursos”. Uno de estos conceptos es el denominado “desarrollo sustentable”.

Al término desarrollo siempre se la ha agregado un calificativo. Así se habla de desarrollo humano, de eco desarrollo y otros, sobre todo para enfatizar la omisión más que la acción, es decir, para indicar lo que el llamado desarrollo “debería ser” y no es.

El llamado desarrollo sustentable es un concepto y no un objetivo concreto. Las declaraciones se limitan en general a señalar que el desarrollo sustentable se logra si se mantiene un equilibrio entre las metas económicas, sociales y ambientales. El llamado desarrollo sustentable (manteniendo dicho equilibrio) solo si perdura en el tiempo, se convierte en “desarrollo sostenible”.

Hasta ahora esta frase y explicaciones en abstracto suenan quizás bien, ¿pero cómo se aplica?

Mantener el delicado equilibrio entre crecimiento económico, ambiente y equidad es el desafío de todas las generaciones y gobiernos. No hay fórmulas mágicas para lograrlo. Lo importante en todo caso, entre muchas otras cosas, es conocer lo mejor posible el medio intervenido y saber cómo conservarlo.

El desarrollo sustentable en la práctica significa ni más ni menos que mantener la posibilidad de que la especie humana se reproduzca al infinito, (de preferencia en la tierra… digo yo) es decir, lograr que nosotros como seres humanos seamos substituidos por siempre por nuestros descendientes en esta tierra. No indica cómo ni con qué calidad de vida, así que sustentabilidad en esencia es igual a mantener las posibilidades de reproducción de la especie. Esa opción depende de la biodiversidad, tanto de la especie humana como de todos los elementos naturales que lo sustentan en este planeta.

Cuanto más diversidad genética, más posibilidad de ser reemplazado por especies que son resistentes a alguna plaga. Si todos fuéramos clones, podríamos desaparecer de golpe con una epidemia. Lo mismo para las especies de flora y fauna que nos sustentan. Cuantas más variedades de papa, de tomates, o de árboles y de animales, más posibilidad de perdurar sobre la tierra. Así que mantener la biodiversidad genética (y de culturas, razas y pensamientos) en humanos, flora y fauna es una necesidad, no un lujo como algunos piensan.

El llamado “desarrollo sustentable y sostenido” se caracteriza por estar asociado a diferentes niveles o escalas de calidad de vida; está ligado a territorios y al intercambio comercial entre territorios y a la inversión en conservar las bases que sustentan la biodiversidad. ¿Qué significa esto?

Se puede ser sustentable (mantener el equilibrio entre varios factores en un momento dado) y sostenible (conservando dicho equilibrio en el tiempo) como lo fueron, y aun lo son, los poquísimos grupos nativos que aún viven aislados en la Amazonía y que subsisten en base a lo que ofrece el entorno sin sobre explotarlo.

En la década del 60, en una zona de la Amazonía, donde trabajé una vez, la media de vida de los indígenas era de 48 años, una mortalidad infantil de más de 250 niños fallecidos antes del año y una alta tasa de mortalidad del binomio madre niño al nacer, en familias que era compuesta por el hombre y varias esposas… Eran gracias a ello “sustentables”. Quizás se puede ser feliz así, pero estoy claro que a pocos nos gustaría, hombres y mujeres, estar en esa situación.

Entonces, ¿hay formas de ser sustentable y sostenible con mejores condiciones de vida, tales como acceso a los avances de la medicina y a la tecnología sin destruir el medio? Las sociedades encontraron desde hace siglos que una de las formas de lograrlo era mediante el intercambio de bienes, recursos y cosas entre ellos (cuando no se les ocurría conquistar al vecino para lograr lo mismo sin tener que pagar). Así hoy en día el comercio entre regiones y países es una forma de “comprar” sustentabilidad. El que mejor sabe negociar gana… (Eso se debe recordar… sobre todo al negociar tratados de libre comercio).

Así, un país puede exportar toneladas de “chips” de madera (exportar sustentabilidad ambiental, como el agua virtual que emplea en el cultivo) al país que no usa ni sus tierras ni su agua para cultivar bosques, y con el dinero que recibe importa “chips” de computadora… (léase tecnología). Ello no sería un problema si el país exportador de sus recursos naturales supiera cómo hacerlo sin destruir su base genética (destruyendo, por ejemplo, bosques nativos y hábitats naturales) y ambiental.

Para lograrlo el país exportador de recursos naturales debería invertir un porcentaje mucho más significativo de la tecnología que importa y de sus ingresos de exportación en gestionar el medio que interviene. Eso está lejos de ocurrir en nuestros países, donde hasta la calidad del agua es monitoreada solo si hay un proyecto “eventual” y no en forma continua. Esto se debe a que, entre las muchas falencias, hay un enorme déficit de recursos en materia de gestión de recursos naturales, sobre todo para el monitoreo y fiscalización de las intervenciones en el medio.

Mantener el delicado equilibrio entre crecimiento económico, ambiente y equidad es el desafío de todas las generaciones y gobiernos. No hay fórmulas mágicas para lograrlo. Lo importante en todo caso, entre muchas otras cosas, es conocer lo mejor posible el medio intervenido y saber cómo conservarlo. La gestión de recursos naturales y el ambiente no debe ser el “pariente pobre” de la asignación presupuestal. Recuérdese que cada pedazo de territorio lucha por alcanzar la sustentabilidad, muchas veces a costa de otros… el que no sabe el valor de lo que tiene y no lo conserva, es el que pierde.

El más responsable en este juego, es el país que exporta materias primas y que no utiliza sabiamente una parte de lo que gana para conservar el medio ambiente que permite lograr dichas exportaciones. Recuérdese que la historia enseña que en la lucha por lograr un desarrollo en base a exportaciones de recursos naturales, sin proteger el medio que los produce y sin generar alternativas e innovaciones productivas, la mayor equidad alcanzada por algunas regiones en el mundo ha sido lograr que al final toda su población se muera de hambre por igual.

Axel C. Dourojeanni
Experto internacional en tema de recursos naturales y energía. Es ingeniero agrícola, actualmente es asesor en la Gestión Integrada de Recursos Hídricos de Fundación Chile. Es ingeniero con estudios de maestría y doctorado en la Colorado State University, especializado en gestión de recursos naturales y energía, así como en la conducción de programas y proyectos de desarrollo sustentable en zonas rurales. Fue Director de la División de Recursos Naturales e Infraestructura de Cepal, donde trabajó por 22 años. Ha asesorado la formulación de leyes y políticas sobre la administración de agua y otros recursos naturales en Perú, Brasil, México, Honduras, Chile, entre otros.

eluniverso.com

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