Hidroelectricidad, mini productores mega ecológicos

Pedro Serrano Rodríguez, académico del Departamento de Arquitectura de la Universidad Santa María, se refiere al sistema de generación de energía del país.

“En los años 80, el Centro de Estudios en Tecnología Apropiada para América Latina, CETAL, una ONG de Viña del Mar ya desaparecida, desarrolló un curioso programa. Necesitábamos saber cuántas mini y micro centrales eléctricas había en el mundo rural chileno. Pues el estudio reunió nada menos que 800 instalaciones, en su mayoría artesanales entre 500 watts y 10 kilowatts de potencia, repartidas donde hubiese un poco de agua y manos ingeniosas para construirlas. Hechas con dínamos de citroneta, ruedas de paleta, turbinas hechizas, generadores mayores y turbinas de eje horizontal hechas en trozos de tubería, algunas con pequeñas caídas de agua y otras al paso de arroyos en el campo, casi todas alimentaban de electricidad a viviendas y comunidades aisladas lejos de cualquier tendido eléctrico.

Estudiar esta manera alternativa de provisión eléctrica nos llevó a algunas conclusiones políticas y económicas interesantes. Este tipo de instalaciones resultaban peligrosas para el nuevo modelo que se estaba instaurando: si te sales de la red eléctrica te sales del mercado y eso iba contra todas las teorías del modelo de los “Chicago boys”. Difundir y apoyar una idea como esta, quitaba potenciales clientes al nuevo modelo eléctrico privatizado, que el gobierno militar había entregado muy barato, desde los derechos de agua no consuntivos de todos los chilenos, que eran hasta ese día de Endesa Chile, hasta las centrales, los tendidos eléctricos, las empresas de distribución ciudadanas y el sistema de control de carga, a manos privadas en un monopolio encubierto y afín que sellaba el mal destino eléctrico de la patria por los próximos 30 o 40 años.

La otra cosa que nos dimos cuenta era que el negocio de mercado era el control único de grandes flujos de energía. Si uno maneja el gran flujo, entonces todos te tienen que pagar por enchufarse, tú fijas el precio y defines como se mueve el sistema. Pequeños productores autónomos no solo no son negocio, sino que representan anomalías indeseadas para este gigantesco negocio de unos pocos entre los pocos.

Para lucrar en el modelo de mercado, es preferible un campo de aerogeneradores gigantescos que dan un flujo controlable sobre pequeños aerogeneradores domésticos distribuidos; mejor unas cuantas hectáreas de paneles fotovoltaicos con una sola salida, que cada casa con los suyos y por supuesto, mejor una mega represa que me haga dueño del súper flujo eléctrico, que una banda de asistémicos e inmanejables autoproductores.

Pero estamos a 2011. Treinta años después de esta historia. Hoy en día los países más avanzados premian a los autoproductores, les permiten vender a las grandes redes, incluso a precio preferencial, básicamente porque es bienvenida la energía que producen, libre de emisiones de carbono, el gran enemigo del presente.

En Chile hoy, Apemec, la Asociación de Pequeñas y Medianas Centrales Hidroeléctricas, www.apemec.cl, asegura en artículo de El Mercurio, lo que nosotros dijimos hace 30 años: que los pequeños potenciales hidroeléctricos sumados podían llegar a superar a las mega centrales; ellos dicen que el potencial de las pequeñas centrales bordea los 10.000 mega watts, unas cuatro veces de la capacidad prometida por Hidroaysén. La ley dice que la potencia máxima admisible para estos emprendimientos es de 20 mega watts. Energía limpia renovable no convencional. Pero nuestra experiencia de los 80 dice que si le sumamos a esto el enorme potencial micro hidroeléctrico, menos que 10 kilo watts (5 a 10 casas) da para muchísimo más. Es posible que con otra cultura energética las megarepresas se pierdan en los archivos de lo dañino.

La gracia mayor de estos microemprendimientos es que su impacto ambiental es también micro y no se compara al desastre concentrado de los megaembalses como Hidroaysén. La otra ventaja para el autoproductor es que se libera de la dependencia del mercado eléctrico monopólico, que nos tiene con la electricidad más cara del cono sur casi sin regulación. Incluso el autoproductor podría ganar plata si la legislación chilena le permitiese inyectar energía limpia a la red comercial. Y el agua en esto no se embalsa, no se gasta, no se calienta ni se ensucia”.

Edición: Universia / RR

Fuente: Universidad Santa María

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